Luz, cámara, llanto!

Tengo que confesar que soy una persona que, cuando del trabajo se trata, quiere tenerlo todo bajo control.

Mi cuna fue la danza clásica, supongo que es una deformación profesional que viene de ahí.

Sin embargo en la escena es imposible, ya que no trabajamos solos ni solas.

Cuando trabajamos solos en la escena, nos ponemos en modo de supervivencia, en este estado es imposible relajarse, ya que el cuerpo se pone tenso y la mente en alerta, todo lo contrario al cuerpo vulnerable que las actrices y actores necesitamos para conmovernos.

Yo puedo hacer mil ejercicios de preparación, que no vienen mal, y si esta es tu única herramienta hasta el momento, adelante, a escena salimos con lo que tenemos.

Pero el cuerpo es mucho más inteligente, mucho más sabio de lo que nuestra mente cree.

No hace mucho, empecé a descubrir el inmenso poder que tienen los abrazos, gracias al maestro Marcelo Savignone.

Abrazar a mi compañere como preparación emocional y disfrutar del tiempo de nuestro abrazo.

Hay dos abrazos muy conmovedores:

Parame frente a ella o él e ir a abrazarle después de mucho tiempo de no vernos… no pensar en nada, solo acercarme y cuando nuestro tiempo diga abrazarnos, nuestro cuerpo va a saber si tenemos que decirnos algo…

Parame frente a ella o él y acercarnos, hasta abrazarnos para despedirnos, abrazarnos por última vez… sin vuelta atrás… hasta que algune de los dos tenga que irse… separarnos… mirale por última vez… y salir.

Creo que este último, es el ejercicio más simple, más hermoso y más natural para trabajar la pérdida y con ella vendrá el llanto.

El cuerpo naturalmente entiende que tiene que hacer, sin que la mente ordene. Respirando el presente.

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